La pandemia obligó a empresas, emprendedores y consumidores a, poco a poco (aunque también rápido a la vez), reinventarse y adaptarse a los nuevos cambios y retos –y, si te queda el saco, también en tu vida personal–.
Día con día nos enfrentamos a distintos desafíos, a veces simples, otras veces complejos, comunes o rutinarios, pero muy pocas veces afrontamos nuevos desafíos. Cada vez que se nos presenta un nuevo desafío, seguimos una serie de acciones para llegar a una solución; esto, a su vez, nos genera nuevas experiencias.
Llevo días –semanas debo decir– tratando de aterrizar estas líneas para compartir con ustedes. Como todo en la vida, resulta más fácil para algunos que para otros vaciarse en palabras, lo cierto es que a mí me cuesta un poco poner en orden las ideas que atacan la cabeza y las tripas, esto, no es tarea nada fácil. Cuenta la leyenda que para escribir hay que conocer el tema del que hablas, bueno, pensé para mí, enfrentarme a esta experiencia es algo que conozco, que puedo investigar, ¡claro! Les puedo escribir de las aterradoras, encantadoras, nerviosas y mágicas… Primeras veces.
El término sincronía
nos remite usualmente a la escena musical –nadie
dirigió a la Orquesta Filarmónica de Berlín con tanta sincronía como lo hizo Herbert
von Karajan–, a la espiritual –cuando
hago yoga me siento en sincronía con el universo–, afectiva –nuestras almas se encuentran en sincronía–,
y hasta laboral –wow, el proyecto fluyó
de maravilla, estamos en sincronía–.
Hoy más que nunca tenemos que pensar en plural, en el gran colectivo que somos, en el impacto que nuestras decisiones pueden tener en nosotros pero también en los demás. No sabemos si el daño es a propósito o irresponsabilidad de nosotros mismos, pero seguro es una pausa para que nuestro planeta respire y se vuelva a cargar de la energía que nos estamos acabando.
Todos tenemos en la mente un lugar que nos encantaría conocer pero nunca sabemos cuándo. Tal vez pienses que ese día no llegará porque se ve imposible. Pero luego la vida es buena onda y te pone la oportunidad y es tu decisión lanzarte a la aventura.
En el ya lejano 2012 llegó a la oficina la oportunidad de presentar propuestas para una marca de nivel internacional llamada Kreston, fue un cliente que llegó inesperadamente y al que decidimos apostar y finalmente se convirtió en el cliente más redituable en la historia del estudio.