¿Por qué estoy aquí?

Llevo varios minutos pensando las primeras líneas de lo que será mi primer post en el blog de Tipos Libres. Esto me pone algo de presión porque al mismo tiempo soy quien cierra la primera ronda. Hasta ahora todos los demás integrantes del equipo han escrito cosas muy interesantes, así que espero estar a la altura. SPOILER ALERT: El texto se trata de cómo es que llegué a este momento en el que estoy escribiendo estas líneas. 

Actualmente nos encontramos en medio de una pandemia global que no parece finalizar pronto. Debido a lo anterior, ¿el mundo se encuentra en una crisis? En lo particular, prefiero pensar que estamos viviendo una transformación que nos está haciendo replantear nuestro comportamiento tanto en lo individual como en lo colectivo. Como una de las medidas más importantes de prevención estuvo el aislamiento social, popularmente conocido como #QuédateEnCasa. Pero bueno, lo anterior es solo para ponernos en contexto.

Fueron varios meses (difíciles) de estar encerrados en casa, donde tal vez la incertidumbre haya sido el común denominador de la gran mayoría. Algunas de las preguntas que todos los días pasaban por mi cabeza eran: ¿Qué pasará? ¿Qué sigue? ¿Es este el fin del mundo como lo conocemos? ¿Dónde están los looks cyberpunk que me ha vendido el cine? ¿Necesito tener en mi casa un bat enredado de alambre de púas? Definitivamente las primeras tres preguntas son difíciles de responder. Y más cuando recordamos que de niños veíamos el 2020 como el futuro, un futuro donde los coches volaban. 

Ante estos cuestionamientos que solo me rompían el minimalismo y que por las noches me provocaban insomnio, fue que me pregunté: ¿Estoy satisfecho con lo que he hecho hasta el momento? ¿Qué ha sido lo mejor que me ha pasado en diez años? ¿Ha sido como lo imaginaba? En el 2010 el mundo era un poco (o muy) diferente. Instagram apenas estaba naciendo y no pensábamos que tomarle fotos a nuestra comida era algo divertido. Apple lanzó el iPhone 4 con una cámara de 5 megapixeles y yo era feliz con un Sony Ericsson W380. En cuanto a la música: Arcade Fire lanzó «The Suburbs», Gorillaz presentó «Plastic Beach» (disco que me tenía enganchadísimo) y LCD Soundsystem nos trajo «This Is Happening». En el cine se proyectaba Inception, The Social Network y Toy Story 3 (donde el mejor personaje fue Bebote, obviamente). La Selección Nacional de Futbol de España se convertía en campeona del mundo y mis poderosas y gloriosas Águilas del América solo tenían diez campeonatos.

En el 2010 yo tenía 23 años y pensaba que el mundo del diseño no iba más allá de San Juan del Río, la ciudad donde vivía. Hasta que un día en mi último semestre de la carrera llegó un diseñador a darnos una plática y a invitarnos a un congreso que organizaba en Querétaro. Y fue así como supe de la existencia de Tipos Libres. Quedé muy sorprendido con todo lo que hacían y pensé que sería un sueño trabajar en un lugar como así. En ese momento solo pensaba que mi objetivo sería siempre hacer lo posible para trabajar con los mejores, con personas que admirara. Meses después a través de Facebook me enteré que estaban en busca de un diseñador junior recién egresado de la universidad y casualmente yo cumplía con ese requisito. Tardé varias horas en decidirme si enviar mi portafolio o no, porque recordemos que nuestra generación es experta en sobrepensar las cosas. Para mi sorpresa, me contactaron para una entrevista a la cual asistí con muy pocas expectativas conmigo mismo y básicamente solo fui por la anécdota (y para comprobar que la oficina se viera tan cool como en las fotos). Y bueno, esa anécdota terminó con Eduardo preguntándome: ¿Empiezas hoy o cuándo?

Ese fue el momento que hice mi debut en el mundo del diseño gráfico. Yo me sentí fichado como una joven promesa en un equipo protagonista de primera división. Donde no empezaría de titular pero sí como el revulsivo que entra al minuto 70. Al principio fue difícil y frustrante, todos sabemos que el mundo laboral es muy distinto al de las paredes de la universidad. Obviamente era mucho más lo que estaba aprendiendo que lo que estaba aportando. Con el paso del tiempo me fui sintiendo más cómodo y haciendo las cosas mejor; ya no me daba tanta pena intervenir en algo por miedo a decir alguna tontería. Todo gracias a que estaba rodeado de un equipo de personas muy talentosas que siempre se apoyaban en las buenas y en las malas. Fueron casi tres años de aprendizaje, de dar lo mejor de mí como diseñador y persona. Tres años de crear lazos con personas que se volvieron amigos. Hasta que un día decidí que era momento de darle un giro a mi vida y era hora de ir en busca de cosas nuevas para seguir creciendo (adelantándome un poco y en perspectiva, creo que lo único que me creció fue la papada). El motivo que me ayudó a darle un cambio a mi vida fue la oportunidad de cursar la Maestría en Diseño Tipográfico, además de trabajar en una de las agencias que más he admirado desde hace muchos años. Fue así como agarré mi cajita de huevo y siguiendo los pasos de María la del Barrio, emprendí mi camino a la gran ciudad. 

Al principio fue muy duro, era la primera vez que viviría con personas que no fueran mi familia (pero que al poco tiempo ya eran parte de ella). Se trataba de una ciudad que no conocía y que por mis tías era súper estigmatizada. Me encontraba trabajando en un lugar donde pensé que todo sería muy glamoroso y suponía que hacer cosas increíbles sería muy fácil. No pude estar más equivocado: fui un rotundo fracaso, no pude con el nivel de exigencia ni con la presión. Con decirles que hasta sentía que se me había olvidado como utilizar Illustrator. Haciendo la analogía con el futbol (a estas alturas supongo que ya se dieron cuenta que soy muy fan), me parece que fui el equivalente al Gullit Peña fichado por las Chivas. Eso sí, sin tener el problemita con la bebida. Recuerdo que fue muy frustrante, al grado que llegué a pensar si realmente esto del diseño era lo mío.

En aquel entonces lo único que me mantenía con ganas de seguir adelante era la maestría. Aunque siendo sincero, más que la maestría eran los amigos que estaba haciendo allá. Diseñadores de distintas partes del país, con personalidades diferentes pero todos con algo en común: apasionados por el diseño. Entonces seguí con esa necedad de ser diseñador. Tuve la oportunidad de entrar a una agencia con clientes grandes, de esas marcas que cuando se es universitario son un sueño pero que en la vida real es muy distinto. Y fue ahí donde conocí la famosa «vida de agencia», algo con lo que nunca he concordado. Así que me bastaron un par de meses para buscar algo diferente. Y no sé cómo le hice, pero ese algo diferente fue trabajar con uno de mis máximos ídolos del diseño mexicano, desarrollando esos proyectos que también son un sueño. Que si el diseño de discos, que si el diseño de festivales; cosas increíbles y divertidas. Mi autoestima diseñística se estaba recuperando. Pero lo mejor de todo esto fue que, además de trabajar con un diseñador extremadamente talentoso, estaba conociendo a una persona con una gran calidad humana; a la fecha creo que podría decir que somos amigos. Espero que él piense lo mismo.

Retrocediendo un poco en el tiempo, creo que es importante mencionar que una de mis cosas favoritas de Tipos Libres es el DeHache. Un evento que te ayuda a refrescar la visión, las ganas y en el cual puedes conocer a mucha gente (y preguntarles a qué mail les puedes enviar tu portafolio). Esto lo comento porque se presentó la oportunidad de trabajar en el estudio de un diseñador que conocí en el congreso. El estudio estaba cerca de mi casa, y podía llegar caminando sin problema. Después de casi dos años de utilizar todos los días el metrobus, eso era algo muy importante para mi. Un estudio donde solo se harían proyectos de identidad. Ubicado en el séptimo piso de un conocido edificio de la colonia Condesa. Por esos tiempos, mis roomies (que ahora son mis mejores amigos) decidieron regresar a su ciudad de origen. Era la primera vez que vivía solo en un departamento y laboralmente era muy feliz. En ese punto de mi vida, me sentía como una persona adulta plena. Sentía una estabilidad en todo aspecto. De verdad, no saben lo bonito que se sentía.

Hasta que llegó el 19S. Ese momento en el que te das cuenta de que todo es muy frágil y la vida te cambia en un par de minutos. Lo que me tomó varios años lograr, se vino abajo (casi literalmente) en unos segundos. Este acontecimiento me hizo caer en un hoyo emocional del cual me costó mucho tiempo salir. No tenía ganas de hacer mucho, me sentía solo un bulto que se la pasaba tirado en la sala de la casa de mis papás. Durante todo ese tiempo, el apoyo (o regaños) de mi familia y amigos era lo que me animaba un poco. En algún momento me uní al proyecto de mi mejor amigo para buscar emprender pero creo que no lo logré como hubiera querido. Me sentí como el fichaje del jugador consolidado que viene saliendo de una lesión y no logra ser el mismo de sus clubes anteriores. 

Una de las cosas que siempre he tratado a lo largo de los años, es dejar las puertas abiertas en todos los lados a los que voy. Es así como se presentó la oportunidad de regresar al club que me vio nacer (así como Guillermo Ochoa regresó al América después del sueño europeo). ¿Regresé siendo un ganador? A veces pienso que sí, otras veces pienso que no. De lo que estoy seguro es que regreso siendo una persona mucho más madura, más segura de lo que puedo aportar como diseñador y como persona. Siguen las caras conocidas y algunas nuevas. Algunos ya no están. Pero a veces siento como si nunca me hubiera ido realmente.

Y es así como regreso al principio de este escrito situado en medio de una pandemia en el 2020. Donde sigo enganchadísimo con «Colores» de J. Balvin, donde la última película que vi en el cine fue Jojo Rabbit y en el cual ya soy un señor que no le entiende al Tik Tok y ni a los chavos de ahora. Y respondiendo ¿Qué ha sido lo mejor que me ha pasado en diez años como diseñador? Definitivamente, a estas alturas de la vida, puedo decir que lo más importante que me han dejado estos diez años son las personas que he tenido la fortuna de conocer. Esas personas que me animan a dar lo mejor de mí como ser humano y como profesional del diseño. A ellos les estaré agradecido por siempre.

Una respuesta a “¿Por qué estoy aquí?”

  1. Te dejé de leer cuando dijiste “mis poderosas águilas” Jajajaja. Aunque después regresé. Todos tenemos derecho a otra oportunidad.

    Me sentí muy identificado con lo del fichaje con un equipo de primera, así me sentí cuando fui contratado por una compañía que se dedicaba al empaque y que confío en mi para ser parte de su equipo de diseñadores. Gran sueldo, grandes prestaciones, pero renuncié a ella después de casi 10 años para irme a vivir a Querétaro y probar suerte como independiente. Las cosas no salieron de lo mejor, incluso envié mi CV a los tipos libres (un amigo arquitecto me platicó de ese lugar) pero nunca me llamaron.

    El chiste es que después de 15 meses regresé a la CdMx y no ha sido fácil pero poco a poco voy consiguiendo más trabajo y nuevos clientes. Sigo de independiente y me encanta. Ahora vivo en Morelos y alternó mi vida entre Morelos y CdMx.

    No te conocía pero eres un ejemplo a seguir y agradezco hayas escrito en este blog (no sabia que existía pero de ahora en adelante estaré al pendiente de él).

    Espero que ahora sepas porqué estás aquí.

    Un abrazo.

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